Las herramientas de la astronomía
- heinerboeneker
- 16 mar 2022
- 3 Min. de lectura

¿Cómo es posible que sepamos tanto sobre nuestro Universo? Ponte a pensar en esto por un momento. Por ejemplo, es increíble nuestra capacidad para poder predecir con exactitud cronométrica los eclipses solares, y esto lo hacemos desde hace siglos. Hoy en día, podemos establecer con total precisión no sólo en donde se ubican todos los planetas de nuestro sistema solar ahora mismo, sino que también sabemos que la gran galaxia de Andrómeda se fusionará con la nuestra, la Vía Láctea, en poco más de un par de miles de millones de años. Es más, tenemos la certeza de la existencia del Big Bang y de que a partir de éste se formó el Universo que ahora tenemos. Y no nos quedamos aquí. Nos permitimos calcular, con base en algunas observaciones y un poco de matemáticas básicas, cuándo sucedió esta "gran explosión": hace trece mil setecientos millones de años.

Sean Carroll, un popular físico estadounidense y experto divulgador científico, comentó que siempre le llamó la atención la capacidad de los astrónomos para deducir mucho con muy poca información. El tipo de variabilidad en el brillo de una estrella, por ejemplo, puede revelar si es una estrella pulsante (así es, una estrella que una prima mía describió con tino como una estrella-corazón, porque se hincha y se encoge con regularidad), o si en cambio es un sistema binario eclipsante; o sea, dos estrellas que giran una alrededor de la otra y que por esta razón se eclipsan constantemente. Un astrónomo puede deducir la existencia de un hoyo negro, que como su nombre lo indica, es imposible de ver, simplemente observando el comportamiento que éste provoca en una estrella cercana a él. También puede medir inmensas distancias comparando en dos fechas distintas la posición aparente de una estrella con respecto a las estrellas más lejanas que están al fondo de la misma. Una simple moneda es más que suficiente para que inclusive nosotros, sin la necesidad de movernos más allá de nuestro patio trasero, podamos inferir con gran precisión la distancia entre nuestro planeta y la Luna.
La astronomía es, en efecto, una ciencia que aparentemente deduce mucho con muy poca información. Y digo aparentemente porque en verdad esto no es así.

Resulta que la astronomía, como toda ciencia que se precie de serlo, es una ciencia multidisciplinaria. Pero a diferencia de las demás ciencias, es una ciencia que no puede realizar experimentos para comprobar sus hipótesis y, por lo tanto, tiene que tomar prestado [o robado] lo que las demás ciencias verifican. De la química, por ejemplo, tomó la espectroscopía, técnica que le ha ayudado a inferir un montón de cosas. Pero la espectroscopía es un hallazgo de la física, que fue la primera, Newton dixit, en observar el efecto del paso de la luz a través de un prisma. Y los prismas no son otra cosa más que una forma especial de lentes. Y los lentes son producto del ingenio de un vidriero que por casualidad se dio cuenta que ciertas copas de vino que fabricaba le ayudaban a ver con más claridad si tenían cierta forma y estaban llenas, preferentemente, de un líquido transparente. Así que no. Los hallazgos de la astronomía no se logran a partir de poco, sino muy al contrario, a partir de una inmensa cantidad de conocimientos acumulados a través de muchos siglos y que fueron descubiertos, apenas paso a paso, por muchísimas personas que muy probablemente se dedicaban a otra cosa y no a la astronomía.
Lo anterior me sirve como pretexto para a partir de ahora y de vez en vez publicar algunos textos que tratarán de describir, en los términos más simples posibles, algunas de las herramientas que utiliza la astronomía para conocer el cosmos que habitamos. Sirva esta primer entrega como descripción de la más elemental e importante de esas herramientas: el ingenio humano. Como leímos en párrafos anteriores, el astrónomo debe ser, antes que nada, una persona muy ingeniosa y, también, muy curiosa. Tanto así, que se atreve a buscar respuestas en un terreno que hace poco, en términos absolutos, creíamos como inescrutable: el oscuro cielo que nos cobija todas las noches.






Comentarios